El "how to" de yo y mis ellos

Dado que algunos no entienden muy bien el funcionamiento de este blog, diré que no se trata de un blog. Es cierto, se pueden comentar las "entradas". Pero las "entradas" son capítulos; de modo que se deben leer en el orden correcto. Dada la idiosincrasia de la herramienta usada, el capítulo presentado es la última entrada; de modo que si quieres empezar un libro nuevo debes ir las etiquetas y seleccionar el libro; así podrás ver todos los capítulos colgados.

jueves, 9 de diciembre de 2010

El aliento del Dragón: Andigar - Capítulo 3 "El dragón bate las alas" (parte 1)

El oscuro cielo nocturno se extendía como un infinito manto divino acunando las estrellas de los héroes caídos. En aquella clara noche de otoño el camino de las almas se podía distinguir con claridad, todos acabarían por hacerlo algún día cuando la vida se terminase; pero esos pensamientos estaban bien lejos de los que ocupaban la mente de Andigar; sus piernas le dolían y se sentía exhausto, pero no podía dormir. Observaba el techo del mundo pensando en todo lo que le esperaba y lo que había dejado atrás. Era aquella la primera noche que pasaba fuera de casa; y aunque dormir en el frío suelo no era su idea de comodidad, no añoraba su antigua cama en lo alto de la secoya. Por vez primera en su vida se sentía libre. Tomando sus propias decisiones, acertaría o se equivocaría, pero serían sus éxitos y sus equivocaciones. No deseaba volver a ver jamás el viejo bosque de sus antepasados. Soñaba con echar a correr consumiendo el fuego que alimentaba su pecho hasta agotar su calor, como un lobo en el bosque con el aire en el rostro como único freno. El crujir de la hoguera le hizo desviar la mirada de los cielos y miró a Galawar que se hallaba acostado al otro lado del fuego con las manos juntas por las yemas de los dedos frente a su pecho. Ahora era su compañero de viaje, los dos correrían la misma suerte.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Correcciones y cambios

Como os habréis percatado todos vosotros, multitud de ávidos lectores de mi trabajo, hace unas cuantas semanas que no publico nada, por no hablar de meses. Bien, eso se ha debido a dos razones principalmente:

La primera es que, como todo hijo de vecino, me fui de vacaciones en verano. Incluso dios descansó un día después de crear el mundo. Yo, como no soy dios, necesitaba un mes entero después de trabajar un año.

La segunda es que un buen amigo me envió una crítica muy constructiva sobre mi trabajo de "el albañil errante". No la repetiré aquí, pero cabe decir que, aunque dura, me reí muchísimo con ella. Fruto de ese segundo feedback en la misma dirección que el primero he llegado a la conclusión que mis obras necesitan dos cosas: Una urgente corrección ortográfica y una mayor atención a la hora de repasar lo que publico. Respecto a la corrección ortográfica, está en camino; aunque como se ve en este mismo post, la ortografía nunca ha sido mi fuerte. Y respecto a la calidad de los capítulos... Bueno, espero que con estos últimos haya aumentado un poco la calidad. Si no es así, no creo que pueda hacer mucho más. A decir verdad no digo mucho a cerca de como voy a solucionar estos problemas, pero mientras no saquen un mejor corrector ortográfico para el Open Office y nadie me pague un corrector de estilo, no creo que pueda hacer un cambio demasiado importante.

Finalmente, y en línea con lo comentado anteriormente, debo añadir que he decidido repasar los capítulos periódicamente. Pero dado que cada vez que cambio un capítulo el blogger lo vuelve a publicar como nuevo,  adjuntaré un post como este advirtiendo de si se trata de uno nuevo o es uno antiguo corregido. Por que aquellos que me conocen ya saben lo que digo. El hecho de publicarse no significa que deba ser leído. Así pues os dejo con el nuevo capítulo 2 de "El aliento del Dragón" y el capítulo 1 corregido de este mismo libro.

El aliento del Dragón: Andigar - Capítulo 2 "El dragón alza el vuelo"

La primera parada de su incierto viaje hacía tiempo que había sido decidido: el bosque de los hombres altos, el hogar de su madre. Se lo había prometido tiempo atrás cuando fue expulsada del templo. Y aunque no se tratase de una promesa, el paso por el valle de los lagos de la verdad le había hecho pensar en su padre. Recordaba muy poco de él, pues durante su niñez, sólo tenia tiempo entrenarse. Quería que su madre le hablase sobre él, para conocerlo mejor, aunque fuese a título póstumo. El bosque no estaba a más de seis días a pié, por lo que tenía provisiones suficientes para llegar. Hacía tres años que no probaba bocado, pues durante la etapa de meditación todo el cuerpo se paraba y sólo el espíritu estaba en movimiento. Sus primeras comidas le eran dolorosas como si comiese agujas, y debía forzarse comer para tener fuerzas para caminar. Un viaje corto podía tornarse una penalidad para un hombre débil y hambriento.

El aliento del Dragón: Andigar - Capítulo 1 "El retorno del dragón"

El anciano estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas. El valle de Luang fou se extendía a sus espaldas reflejando el cielo sobre los campos sembrados; a lo lejos, casi donde se perdía la vista, se podía divisar el bosque de los hombres altos, cuyos árboles se decía que rivalizaban con las montañas. El viejo, vestido con una túnica roja, hablaba con los ojos cerrados, con un ritmo pausado, con su voz agrietada por los años. Contaba una antigua leyenda, de cuando el templo no existía, y el telar de los dioses no había terminado todavía el mundo. Cinco niños de apenas siete años escuchaban atentamente al anciano de cabeza rapada.

martes, 31 de agosto de 2010

Crónicas de Jones Murray: El final - Capítulo 1: "Combustión espontánea" (3)

Roger y Yan-sen descendían rápidamente en el ascensor que les llevaba al quinto sótano. Sun era un asiático de complexión atlética que apenas le llegaba al hombro a Carlwright; aunque su pelo seguía negro y abundante como cuando era joven, su piel ya tenía esa brillantez que se adquiere con la edad. Ambos habían dejado atrás la juventud y la madurez hacía tiempo, y su sangre se había mezclado en tantas batallas que casi eran hermanos. Yan-sen era el único de los dos que finalmente había formado una familia, pero en su mesa siempre había un plato para Carlwright, padrino de sus hijos y casi un segundo padre para ellos; pues pasaba tanto tiempo con ellos como el mismo Sun. Los años había borrado la incomodidad del silencio entre ellos, aunque siempre encontraban algo de qué hablar; y su capitán era uno de sus temas predilectos.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Crónicas de Jones Murray: El final - Capítulo 1: "Combustión espontánea" (2)

Angeline entró por la puerta como si tuviese algo importante que decir. Era una mujer joven de piel negra como la noche y casi tan fuerte como un hombre. Apenas tenía cuarenta años y se mantenía en plena forma. Como todos los jóvenes, le sobraba energía para llamar a las puertas; pero le faltaba la serenidad para hacerlo. A los jóvenes todo les parecía importante y a las mujeres todo las ponía nerviosas. Por lo que ella siempre estaba demasiado ajetreada para las formalidades. Antes de que ella pudiese empezar a hablar la interrumpió sin apartar la vista del informe que estaba intentando finalizar desde hacía horas.

domingo, 1 de agosto de 2010

Crónicas de Jones Murray: El final - Capítulo 1: "Combustión espontánea" (1)

La ciudad, despertaba cada día a las siete de la mañana. Con un bullicio no visto desde antes de la guerra. Los monorraíles y autobuses cobraban vida, las venas de la ciudad se poblaban de coches y gente que se desplazaba para trabajar. Hacía un buen día cuando Jones salió, el cielo azul estaba poblado de nubes blancas arrastradas por vientos del este. Era un buen día, probablemente no llovería pero el tiempo podía cambiar rápidamente y los pobladores de la ciudad siempre llevaban el paraguas consigo. La mayoría de gente se desplazaba en transportes públicos. Los coches eran caros y todo lo que había fuera de la ciudad estaba demasiado lejos para ir por tierra. 

domingo, 25 de julio de 2010

Crónicas de Jones Murray: El final - Prólogo 2: "Addy"



La música acaricia mis oídos mientras una voz dulce baila a su son. No abro los ojos. Los recuerdos deben ser atesorados con cariño cuando son lo único que te queda. Saborear el instante en el corazón, cuidando los detalles, estimulando la memoria para evitar el cruel olvido. Más voces se unen al ambiente, no cantan, sólo murmuran suavemente para no perturbar a la canción. No sé lo que dicen; jamás presté atención, pero deben estar allí; como los otros sonidos: El camarero picando el hielo en la cocina, el barman mezclando el cóctel, el susurro de los vestidos al rozar, casi imperceptibles sin ellos se pierde la esencia. El olor. los perfumes se mezclan con el humo del tabaco y el aroma del alcohol. Es un olor característico que jamás volveré a oler. El sabor del último cigarrillo que he fumado todavía esta pegado en mi boca, resecándola y dejando la característica sensación pegajosa. Tengo un poco de calor. Debe ser verano. La corbata me aprieta ligeramente el cuello, y tengo ganas de aflojar el nudo. Pero se que no debo hacerlo. Huele a sitio distinguido y la colonia que llevo me indica que espero a una dama. Decido que no sería elegante que me viese con los ojos cerrados, así que abro los ojos lentamente.

sábado, 24 de julio de 2010

El albañil errante - Capítulo 4

"Antes yo era como Miles,
un pringado delgaducho del que todas las tías se mofaban,
ahora estoy cachas y todas las tías se me quieren follar.

Que las respeten sus padres durante el día,
que yo las respetaré en la cama cada noche. Ja!"
(Jorge Andrés Pastor)

Una vez decididos a fisgonear en los archivos de seguridad sobre el asesinato, se dirigieron a la sala de mantenimiento informático dónde pasaban la mayor parte del tiempo, excepto cuando Jorge estaba en el gimnasio. La SI, como la llamaba Miles, era una pequeña estancia circular de no más de cuatro metros de radio por cuyo perímetro culebreaban un terminales y pantallas. En el centro destacaba un proyector holográfico que descendía unos palmos del techo con forma de semiesfera de cristal negra. Miles estaba muy orgulloso de la sala, puesto que lo habían diseñado según sus especificaciones técnicas; y ciertamente se movía como pez en el agua sobre su silla deslizable.

domingo, 18 de julio de 2010

El aliento del Dragón: Andigar - Prólogo

Nuestro verdadero origen se remonta a la era de los inmortales; muchos os dirán que sólo es una leyenda. Yo no estuve allí y desconozco la verdad; pero he visto muchas cosas a lo largo de mi vida antes de que perdiese la visión. Cuando aún podía contar mis años con los dedos de una mano, vi al último de los protegidos del Dragón; iluminando el cielo nocturno con su luz, bailar la danza del viento con sus enemigos, en una guerra perdida. Allí, cayó el hombre; pero se levantó una leyenda. Se dice que el aliento del Dragón sólo le es obsequiado a aquellos cuya alma va mas allá de la humanidad. Por eso ya no quedan guerreros como esos; pues esos hombres se perdieron en el tiempo. Por todo eso os digo, que lo que ahora os narraré no os parecerá mas que un cuento para niños; pero que seguramente hay mas verdad que mentira. Aunque nunca sabremos lo que en realidad sucedió.

Crónicas de Jones Murray: El final - Prólogo 1: "La guerra"



La lluvia pintaba las calles de un tramado oscuro grisáceo. Los tenues reflejos de las gotas de agua bajo la escasa iluminación de la ciudad, evocaban el significativo nombre de la ciudad; Esperanza. Era un día normal. En aquella ciudad siempre llovía. Los habitantes habían aprendido a vivir con ello, aunque esto no quitaba que los días soleados salieran en masa a ocupar los numerosos parques y zonas verdes. Nueva Esperanza, pues era éste su nombre completo, estaba situada cerca de la antigua Salt Lake City, en los desaparecidos Estados Unidos. En realidad nunca había sido una zona tan lluviosa, pero la guerra y el invierno nuclear habían vuelto del revés el clima. La nueva lluvia ácida había mancillado la tierra y el agua, ya nada era lo que alguna vez fue. El agua contaminada, maldita quizá, mataba todo lo vivo; por ello los alrededores de la ciudad no eran más que desierto. La ubicación no fué elegida al azar, pues incluso la muerte misma odiaba el llanto de la tierra.