Roger y Yan-sen descendían rápidamente en el ascensor que les llevaba al quinto sótano. Sun era un asiático de complexión atlética que apenas le llegaba al hombro a Carlwright; aunque su pelo seguía negro y abundante como cuando era joven, su piel ya tenía esa brillantez que se adquiere con la edad. Ambos habían dejado atrás la juventud y la madurez hacía tiempo, y su sangre se había mezclado en tantas batallas que casi eran hermanos. Yan-sen era el único de los dos que finalmente había formado una familia, pero en su mesa siempre había un plato para Carlwright, padrino de sus hijos y casi un segundo padre para ellos; pues pasaba tanto tiempo con ellos como el mismo Sun. Los años había borrado la incomodidad del silencio entre ellos, aunque siempre encontraban algo de qué hablar; y su capitán era uno de sus temas predilectos.
- Parece que el viejo le ha cogido cariño a la novata.- Rompió Sun como si estuviese hablando del tiempo.
Roger le miró y sonrió negando con la cabeza.
- No te has podido contener. No hace ni medio minuto que hemos salido de la reunión y tu ya estás con los chismorreos.
- Yo no chismorreo. Eso lo hacen las viejas y las adolescentes.- Respondió con falsa indignación.- Simplemente hago un comentario porque me ha sorprendido. Siempre ha sido un solitario.
- Los tiempos cambian, incluso para él.- Afirmó.- Ya le dije que llamaría la atención. Pero ya sabes lo que pasa cuando algo se le mete en la cabeza.
- Si, ha tenido muchos años para depurar la tozudez.- Dijo sonriendo.- Bromas a parte, sabes que el viejo no siente ningún tipo de atracción hacia ella, lo que me lleva a preguntarme porque este cambio.
Muchos años atrás, durante la guerra, Sun había reunido el valor para preguntarle a Jones acerca de un anillo de compromiso que atesoraba entre las pocas pertenencias con las que viajaba. No era algo que la gente acostumbrara a llevar encima y él ya llevaba una alianza en el dedo. Murray le dijo que era el único recuerdo que le quedaba de la última mujer que amaría. Para cualquiera hubiese sido el fin de la conversación, pero a Sun siempre le había perdido la boca; así que quiso saber si estaba muerta.- “Como todo lo que alguna vez me importó”- Le había respondido.- “Jamás descansaré hasta haberme cobrado mi venganza y tengo muchas cuentas que saldar.”- En su mirada vio tanta ira contenida que jamás le volvió hablar sobre ello. No, Jones no buscaría ninguna otra mujer. De eso estaba seguro. A ningún hombre con tanta rabia en el corazón no le quedaba espacio para el amor.
- Es cierto.- Reconoció Roger muy serio.- Puede cambiar muchas cosas, pero si algo no hace nunca es olvidar. Lo cierto es que no parecía interesado en ninguno de los dos novatos hasta que le dije tu comentario acerca de ella.
Yan-sen le miró inquisitivamente, pues no recordaba o que le había dicho.
- Equilibrada.- Dijo finalmente cuando vio que Sun no iba a recordarlo.- Rayos Lao, le diría a tu mujer que te diese más infusiones de Ginkgo, pero seguro que me las haría tomar también a mi.
- Cuidado con lo que le dices a Limei, cada día está más obsesionada con las infusiones. Cuando no es para la vejez es para el corazón y cuando no es para el corazón es para... Bueno, para otra cosa
Carlwright sonrió, pues la mujer de Sun era mucho más joven que él y con mucho carácter. En su casa siempre le estaba gritando a por una cosa o por la otra. Pero lo cierto es que se preocupaba mucho por su salud. Y por extensión la de Roger.
- Ah, es que tienes problemas con...
- Todavía tiene solución con la medicación adecuada.- Le interrumpió.- Pero ya sabes que los años pasan para todos. Uno empieza a tener más ganas de dormir y menos de hacer otras cosas. Pero Limei es todavía joven y ya sabes que es una mujer con mucha energía. Debo mantener el tipo, no quiero que se acabe convirtiendo en la enfermera de un viejo decrépito.
- No te quejes Lao, a muchos les gustaría tener una esposa joven como la tuya. Creo que eres el único tipo que conozco que se queja de que su mujer le obligue a cumplir con los deberes matrimoniales.
Sonó el timbre del ascensor. Habían llegado al parking. Subieron al vehículo de Carlwright y salieron del edificio en dirección al depósito forense. Cuando subían por la primera pendiente Sun no pudo contenerse más.
- A ti tampoco te veo perseguir a jovencitas por la calle.
- Es que la barba no está de moda.- Respondió.
El deposito se encontraba en la zona este de la ciudad, en el distrito de Asia. Fueron por la autopista subterránea hasta el centro del distrito dónde salieron a la carretera y pasaron por delante del cementerio, era una de las pocas zonas dónde la carretera se encontraba al mismo nivel de la calle. Yan-sen observó con respeto los largos muros de mármol grabados con los nombres de los muertos que se extendían hasta dónde se perdía la vista. Recordó los compañeros caídos, y los viejos amigos. Cualquier día su nombre sería uno mas de los que vestían esos muros, todos descansarían algún día allí. Excepto el capitán.
- Sin duda hemos vivido en tiempos interesantes.- Murmuró pensativo.
Roger que había estado concentrado conduciendo miró de reojo los muros. Y supo de qué hablaba Sun. No era la primera vez que tenían esa conversación. Con la vejez los hombres tienden a hablar de lo mismo una y otra vez.
- Vivimos y luchamos entre gigantes. Si eso no es una vida interesante, no me imagino cual podría ser.
- Es una antigua maldición china. ¿Lo sabías?
- Si. Creo que me lo has dicho un centenar de veces, Lao. Pero te diré que prefiero haber vivido estos tiempos que una de esas vidas vacías de las viejas películas planas. No creo que le encontrase sentido a una vida tranquila. Me sentiría... vacío. Sin un propósito. Por lo menos cuando mi nombre esté grabado en alguno de esos muros, descansaré en paz, sabiendo que mi paso por esta vida sirvió para algo.
- Todos estamos en esto por una razón, supongo. Pero yo preferiría vivir en una de esas películas. Deseo que mis hijas tengan una vida tranquila. Por eso me mudé a esta ciudad.
Dejaron los muros del recuerdo atrás y la carretera volvió a quedar debajo de la zona peatonal. El sol se filtraba entre los puentes que unían ambos lados de la calle creando columnas de luz sobre el asfalto. Sin duda era un bonito día, pensó Roger, pero siempre salía el sol antes de la tormenta.
- Puedes estar tranquilo. Mucho después de que nosotros no seamos más que polvo en el viento, el viejo seguirá en la brecha.
Sun le miró y supo que Roger pensaba lo mismo que él. En todo el tiempo que conocían a Jones jamás le habían visto flaquear. En la mayoría de hombres el fuego de la venganza arde con tanta intensidad que consume el espíritu. Pero Murray quemaba su alma a fuego lento, alargando su vida por pura fuerza de voluntad. La muerte había dejado de existir para él.
El coche se acercó a la entrada del depósito. Se cogieron la salida y aparcó frente a las escaleras mecánicas que llevaban al nivel de la calle. El parking estaba reservado para las entregas y recogidas de cuerpos. Entraron en el edificio por la puerta principal. No era muy alto, apenas unos cuatro pisos. Lo suficiente para albergar los cuerpos que les llegaban y la maquinaria de incineración. Preguntaron en recepción por la doctora Castellano que era la encargada de la autopsia y les enviaron al tercer piso.
Llegaron sobre la una del medio día. La doctora estaba comiendo un sándwich encima de su mesa mientras charlaba con un compañero. Era una mujer de pelo oscuro y liso cortado a la altura de los hombros; aparentaba apenas veinte años pero probablemente era un efecto debido a su metro sesenta de altura. Ya habían trabajado antes con ella, por lo que las presentaciones estaban de más.
- Buen provecho.- Dijo Roger llamando a la puerta.
La doctora levantó la vista y dejó el bocadillo encima de la mesa limpiándose los dedos con la servilleta que había al lado.
- Vaya, así que os han enviado a vosotros. Supuse que los del CCA se meterían cuando recibí unas cenizas por cuerpo.- Se levantó y les dio la mano. Mientras su compañero salía del despacho.
- Si bueno. Ya sabes como nos gustan las cosas raras.- Dijo Sun mirando un cráneo expuesto encima de una estantería.
Carlwright torció el gesto y se sentó en una de las sillas que había frente al escritorio.
- No hace falta que dejes de comer. No creo que haya mucha autopsia que ver, así que dinos que has encontrado.
La doctora les acercó un par de tablas de datos y se sentó para seguir comiendo.
- Como has dicho no había mucho que analizar. Básicamente son cenizas como las de cualquier otra incineración: fosfato cálcico con otras sales como sodio y potasio. La única diferencia notable es que no hay restos de hueso. Las incineraciones normales se realizan a temperaturas cercanas a los novecientos grados Celcius. A esas temperaturas los órganos se vaporizan y los huesos quedan pelados. Para los huesos se requiere un segundo proceso de trituración para generar las cenizas que se acaban mezclando con la tierra. Con este método quedan partículas de hueso inferiores al milímetro mezcladas con las cenizas. Pero en este caso no hay rastro de ellos.
- ¿Entonces se los llevarían después de quemarlo?- Preguntó Roger.
- No. Definitivamente no se los llevaron. Todas las cenizas pesan unos dos kilogramos, que es la cantidad de cenizas normal para un hombre adulto de las dimensiones de la víctima.
- No podrían haber mezclado cenizas de animal u otro hombre para llegar al volumen adecuado.
- No puedo asegurar que las cenizas pertenezcan a la supuesta víctima, no queda ADN, ni dentadura para poder comparar. Pero por la temperatura a la que parecen haber sido sometidos los restos yo diría que los huesos forman parte del mismo cuerpo.- Los dos hombres se la quedaron mirando esperando una explicación más extensa.- He dicho que normalmente los huesos se trituran, pero si en el proceso de cremación se llega a los mil seiscientos setenta grados, los huesos se funden. Para que os hagáis una idea el acero se funde sobre los mil quinientos grados. Lo se porque he encontrado cenizas de materiales que normalmente requieren estas temperaturas para quemar.
- Así que no podemos saber si las cenizas pertenecen a la víctima o si ni siquiera pertenecen a un ser humano.
- Ciertamente sólo tenemos pruebas circunstanciales, pero encajan con la supuesta víctima. La ropa entre la que se encontró la ceniza tenía restos de su ADN, y entre la ceniza he encontrado cantidades significativas de mercurio y plata, que coincide con el diente reemplazado que tenía la supuesta víctima.- Paró un momento para morder el sándwich.- De todas formas todo esto son suposiciones, la distribución de las cenizas es muy exacta para que alguien las esparciera manualmente, y obviamente no ha sido quemado en el edificio, pues de ser así se habría quemado todo. ¿Algún acto de brujería quizás? Quien lo sabe. Esto es vuestro trabajo.
- Lo cierto es que estamos dando vueltas sobre esa premisa.- Respondió Sun.- Supongo que en el informe está el análisis químico completo de los restos.
- Si. Las cifras exactas están en el informe oficial emitido.
Para Carla, que ya había terminado su tentempié, parecía que estaba todo dicho. Pero Roger seguía mirando la tabla de datos y leyendo el informe. Con el ceño fruncido.
- ¿Que tenemos del piso?
- Cotejamos todas las huellas y restos de ADN con la base de datos de la ciudad. Todas son personas de la base de datos. El listado completo está en el segundo anexo del informe. No son demasiadas. No era un tipo muy popular.
- ¿Y que hay del camión?- Dijo Sun, que había dejado la tabla sobre la mesa.
- ¿Camión? Nadie nos dijo que tuviésemos que estudiar ningún camión.
Carlwright y Castellano miraron a Yan-sen inquisitivamente.
- Siempre nos hemos basado en el supuesto de que se trata de un asesinato. Y casi todos los asesinatos tienen un móvil. El informe policial no dice que tenga antecedentes penales, por lo que probablemente se trate de un tipo normal haciendo su trabajo, que se ha encontrado con el tipo equivocado en el momento adecuado.
- Y el tipo era transportista.- Terminó Roger.
- No.- Negó Sun.- Era un obrero de la construcción, pero tiene carné de conducción de camiones, y trabajaba como autónomo.
- Eso no significa que tenga un camión.- Interrumpió Carla.
- No, pero he buscado en la base de datos del departamento de tráfico, y sí. Tiene una furgoneta de su propiedad.
- Sigue sin ser un camión.- Apoyó Roger.
Yan-sen los miró con el ceño fruncido y aceptó con un ademán.
- Vale, vale, camión o furgoneta. ¿qué mas da? Lo importante es que puede haber transportado algo para alguien que querían asegurarse de su silencio.
- Tiene una cierta base.- Dijo Roger sonriendo.- No lo de confundir furgoneta o camión sino el hecho de que pueda tener alguna relación con su transporte. Aunque lo mismo podría decirse del edificio que están construyendo.
- Ah, perdona ya sabes que a veces me confundo con las palabras. Pero la idea está clara. ¿No?
- Si, pero de eso se te queja tu mujer. Y estoy de acuerdo con ella, cuando dices algo tienes que ser más preciso. Si dices derecha es derecha, no la “otra derecha”. A veces la precisión es importante.
- Ya te pedí disculpas por eso.- Exclamó Sun.- Además acabé salvándote tu viejo culo.
- Pero casi me vuelas la cabeza.
La doctora los miró a ambos discutiendo mientras pensaba en todo el trabajo que tenía pendiente y les interrumpió sin miramientos.
- Podemos analizar la furgoneta, camión o lo que sea. Pero primero la tenemos que traer al laboratorio. Así que encuéntrenla y luego hablaremos. Respecto a la obra en la que trabajaba la víctima. Quizás deberían consultar con el detective encargado del caso. Que es posible que ya haya hablado con los responsables. Por lo demás, si no tienen ninguna otra duda,- Dijo levantándose. - tengo un par de cadáveres “de verdad” para hacer la autopsia.
Sorprendidos se levantaron y se despidieron. Mientras ella salía del despacho en dirección al laboratorio se quedaron unos momentos mirándola.
- ¿Crees que era una indirecta hacia nosotros?- Dijo Sun.
Roger se quedó un momento pensando.
- Nah. Se refería a lo de las cenizas.- Le contestó poniéndole la mano en la espalda.
Después se encaminaron hacia el ascensor para salir del edificio.
- ¿Así que llamamos a control de tráfico para localizar el vehículo?
- No. Primero vamos a hablar con los detectives. Quizás ellos sepan algo más.
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