El "how to" de yo y mis ellos

Dado que algunos no entienden muy bien el funcionamiento de este blog, diré que no se trata de un blog. Es cierto, se pueden comentar las "entradas". Pero las "entradas" son capítulos; de modo que se deben leer en el orden correcto. Dada la idiosincrasia de la herramienta usada, el capítulo presentado es la última entrada; de modo que si quieres empezar un libro nuevo debes ir las etiquetas y seleccionar el libro; así podrás ver todos los capítulos colgados.

viernes, 23 de octubre de 2009

El albañil errante - Capítulo 3

"Dios no ama la tecnología.
Si dios hubiese querido que el hombre desarrollase su ingenio,
habría hecho el intelecto atractivo."
(Miles Nagiskrov)

Las funciones asignadas a un albañil colonial durante el transcurso del viaje variaban ligeramente entre nada y ninguna. Se levantó y se dio una ducha sin agua mientras el sistema automático del camastro lo dejaba como nuevo. Su dormitorio apenas media más de cinco metros cuadrados, pero él, como el resto de la tripulación, no sufría de claustrofobia. Cuando salió de la ducha todavía estaba medio adormilado; el sistema sin agua podía ser tan higiénico como quisieran, pero no quitaba el amodorramiento como el tradicional.
Así que se sentó en la silla del escritorio mientras el dispensador de bebidas le servia un café solo y estudiaba detenidamente la frondosa barba que empezaba a poblar su rostro. Nunca antes había llegado a tenerla tan larga. De hecho hacía un par de semanas que no se afeitaba pero parecía como si su crecimiento se hubiese detenido hacía un par de días, al igual que su vida cuatro meses atrás. Un sonido intermitente le avisó que su café estaba preparado y a la temperatura ideal. Siguió mirándose en la pantalla con la mente en blanco durante unos segundos, hasta que el molesto pitido de la estúpida máquina de café le acabó la paciencia. Habría aporreado la máquina como en sus buenos tiempos de la tierra, pero sólo habría conseguido estropearla y estar durante una semana sin café. Además, tendría que volver a dar explicaciones al mecánico, y se le estaban acabando las excusas. El café le hizo volver a la realidad, y al auténtico problema del día a día, ¿Qué hacer? Y la respuesta era tan esquiva como de costumbre. Podía enchufarse a la otra realidad, aunque Gabriela no estuviera quizá encontrase a Faye, o incluso Elsa, la siempre ardiente Elsa... De todas formas, no le estaba permitido salir de su camarote hasta un par de horas más tarde. Pero en aquel momento no le apetecía revolcarse con nadie. Eso era falso, le apetecía, lo que no deseaba era tener que detenerse en el último momento. Volvió a centrar su atención en el monitor y recordó la conversación que había mantenido con Gabriela la noche anterior. Así que para distraerse encendió el terminal y empezó a buscar en la red las noticias del asesinato, y todo lo que podría estar relacionado.

Cuando volvió a mirar el reloj pasaban dos minutos de su turno de desayuno; y todavía estaba desnudo frente al ordenador. Aquel día no probaría bocado hasta el almuerzo; el maldito toque de queda dejaba el comedor como zona neutral y excepto en las horas convenidas las puertas permanecían cerradas. Su estomago ronroneó a coro con el timbre de la puerta. Se puso unos pantalones y dio la orden de apertura. Era Miles; y llevaba un pequeño cargamento de bollos rellenos de chocolate. El pequeñín siempre estaba en todo. Y como de costumbre empezó a hablar antes que nadie.

- Como no venías, creí que te encontrabas mal. Así que te he traído unas pastas. Ya sabes, con esto del toque de queda te quedarías sin comer hasta dentro de cuatro horas, y con lo ñampa-zampa que normalmente eres, estarás hambriento.

Agradeciéndoselo le invitó a sentarse en su cama mientras devoraba aquellos perfectos bollos.

- He estado buscando información sobre el asesinato que se produjo en la Pinta. Es asombroso la poca información real que pusieron las capitanas. Los informes son de un centenar de páginas y creo que, de todo ello, apenas una decena aportan algo de información.- Miles le miró con verdadera sorpresa. Como si se hubiese encontrado una perla dentro de un zurullo.- Deja de poner esa cara de estúpido. Que me dedique a la construcción no significa que sea idiota.

Como ocurría siempre, sonrió ampliamente y empezó a balbucear cosas sobre que no pretendía ofenderle. Aquello calmó a Jorge, aunque era consciente de lo surrealista de la afirmación.

- ...Lo que pasa es que me ha sorprendido que de un día para otro hayas decidido empezar a leer sobre el crimen de hace cuatro meses. Quiero decir: ¿Qué te importa lo que pasó? ¿Y no llegas un poco tarde? ¿Si de verdad pretendías enterarte no lo deberías haber hecho quizá un par o tres de meses atrás, como mínimo?

Andrés, que había terminado de comer su frugal desayuno, cogió una camisa de fino tejido gris del armario y empezó a abrochársela.

- Lo que sucede es que estoy terriblemente aburrido. Esto del toque de queda me está volviendo loco. Tu tienes trabajo, pero yo no tengo nada que hacer; y eso es realmente desmoralizador. Me siento como si estuviese en una maldita cárcel. Ni puedo salir, ni tengo nada que hacer.

- Y leer sobre la muerte de una pareja en una nave que viaja a dos kilómetros de nosotros te parece un entretenimiento válido. Bien, puede que sea así, pero no creo que te dure mucho. Todo lo que hay está en la red, y la pruebas materiales se encuentran, si todavía existen, definitivamente fuera de tu alcance.

- ¿Qué pasa? ¿Te molesta que lo haga?- Espetó mientras se acababa de abrochar los gemelos de la camisa que se le pegaba al cuerpo como si fuese un guante. Entretanto Miles esperaba algo que ya había empezado a intuir. Así que Jorge continuó sabiendo cual seria la respuesta.- Lo que sucede es que la información que dieron es tan patética que ya he terminado con ella. Quiero decir que necesitaría los vídeos de seguridad y quizá un acceso a los ficheros personales de los dos.

- ¡Dios, qué tarde es!- Respondió el informático mirando el reloj.- Tengo que ir a trabajar, ya me dirás como te ha ido durante el almuerzo.

Antes de que pudiese llegar a la puerta ya empezó a oír los ruegos de Andrés. Demasiado tarde, pensó.

- Sabes que no puedo hacer lo que me pides. Va contra las normas y mi vida, como la tuya, ya se parece suficiente a una cárcel para que la capitana le dé por joderme bien. Además, por que no se lo pides a una de tus amigas. ¿Cuál de ellas trabaja en seguridad, Gabriela?

- No, trabaja en Ingeniería Espacial o algo parecido. Yo también me confundo, es Faye la que trabaja en Seguridad.

- ¡Pues díselo a ella!- Exclamó.

- No tengo suficiente confianza. Y si se niega, después puede ser traernos problemas. Si se tratara de Gabriela, podría; pero con Faye no me atrevo. Además, tu eres un genio de la informática; seguro que puedes entrar y salir en el sistema sin que nadie lo sepa.

Miles se volvió a sentar sobre el camastro. Medio sonriente.

- No soy tan orgulloso para que tus halagos funcionen.- Jorge le lanzó la misma sonrisa de suficiencia que utilizaba con las mujeres.- Las cosas no son tan fáciles como te parece. No tengo permisos absolutos, las únicas que los tienen son las capitanas. Y la seguridad es uno de los sectores que tengo capados. Tendría que programar un sistema que cazara los códigos de uno de los miembros o incluso la capitana para tener una acceso total a la información histórica. E incluso así tendríamos buscar entre petabytes de información. Aunque esto sería relativamente fácil pues la base de datos está muy bien estructurada. Y hacerlo todo sin levantar sospechas entre el resto de los administradores.

- Pero tu eres bueno.- Respondió poniéndole la mano encima del hombro.

- Por supuesto que si. En lo mío; y no me dedico cazar códigos ni entrar en bases de datos de sistemas militares. Porque por si no lo sabes el sistema operativo sobre el que está montado toda la estructura informática es una variante militar del sistema HOS que, de por si, ya es el más seguro existente.

- Pero tu eres mas listo que cualquier militar.

- ¿No me has estado escuchando, verdad?

Jorge se irguió en su silla.

- Lo cierto es que me he perdido cuando has empezado a hablarme de que necesitabas un permiso de tu papi. Me recuerdas a Catherine cuando se pone a hablar de sus experimentos. Lo realmente importante es que yo creo en ti. Eres el tío más jodidamente raro que conozco, y según tengo entendido todos los informáticos son raros. Y si el rareza es una medida de lo bueno que es un informático, tu eres el rei.

- Qué suerte. Aunque en tu retorcida y mal usada lógica, me estás llamando indirectamente el peor bicho raro de entre todos los bichos raros. Y, aunque me arranque una sonrisa, no es muy motivador.

- Además de que eres mi única opción, estás tan aburrido como yo y el hecho de tener que mantenerte al margen de las mujeres te jode tanto como a mi. Sino, más, porque has vuelto a no comerte una rosca, y después de una sequía tan larga volver a ella es peor.

- Gracias por recordármelo. Aunque lo que los demás llaman infierno yo lo llamo hogar... Y no entiendo como esto puede ayudarme a ver a mujeres.

- Lo cierto es que en prácticamente nada, pero si podemos demostrar que no fue causa de las relaciones entre el personal quizá cambiemos la situación de la misión.

Estuvieron unos instantes en silencio mientras Miles evaluaba su aburrimiento y el riesgo que corría. Después aceptó, aunque según afirmó repetidamente no era porque le hubiese convencido sino para saber si era capaz de hacerlo. Era una locura pero serviría para matar el aburrimiento.

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