El "how to" de yo y mis ellos

Dado que algunos no entienden muy bien el funcionamiento de este blog, diré que no se trata de un blog. Es cierto, se pueden comentar las "entradas". Pero las "entradas" son capítulos; de modo que se deben leer en el orden correcto. Dada la idiosincrasia de la herramienta usada, el capítulo presentado es la última entrada; de modo que si quieres empezar un libro nuevo debes ir las etiquetas y seleccionar el libro; así podrás ver todos los capítulos colgados.

viernes, 2 de octubre de 2009

El albañil errante - Capítulo 2

“Realidad virtual?
La virtud no tiene nada que ver con la realidad, en verdad os digo que a todas las mujeres les gusta el sexo.”
(Jorge Andrés Pastor)

Cuando aquel día volvió a sonar el toque de queda, Jorge ya se encontraba en su camarote. Como venia siendo usual, las ultimas horas de aquellos días de noche eterna las pasaba echado en la cama de sus aposentos; jugando al mismo juego de realidad virtual. En su momento había sido toda una revolución por su tratamiento de la inteligencia artificial de los personajes con los que se relacionaba. Diseñado como un juego masivo, permitía el juego combinado de millones de usuarios simultáneos además de los generados por la computadora. Como distracción para la misión, y publicidad del producto, se instaló un servidor en la Santa María, con lo que podía jugar todos los miembros de la misión en una versión simplificada de una gran ciudad medieval. Inicialmente muy pocos lo habían usado, de hecho Jorge no lo había probado nunca hasta que se lo mostró Miles. La verdadera utilidad se descubrió cuando se prohibió la comunicación entre sexos.
Ya que, de este modo, podían estar en contacto los miembros de ambos turnos. Aunque eso contradecía las nuevas ordenanzas, las capitanas lo permitían. Incluso algunos decían haber estado con alguna de ellas. Aunque, como la versión virtual de uno no tenía ningún parecido con la realidad, eran mas bien suposiciones y rumores. Distaba mucho de ser la realidad, como simulación era bastante bueno, pues la interfaz era directa a través de un bioconector en la espina dorsal que sustituía todas las percepciones corporales por las simuladas conseguía una inmersión prácticamente total. Sin embargo, el hecho que las personalidades virtuales fuesen totalmente asexuales, no ayudaba. Miles decía que eran ángeles, pues como ellos no tenían sexo. Jorge lo encontraba poco práctico y a lo sumo desagradable; ya que le daba la sensación de estar en un cuerpo de mujer.

Se encontraba en un pequeño claro al lado de un lago de cristal. El tiempo, siempre intenso en aquella realidad, era frío, aunque por lo visto su piel virtual no lo notaba. Sabía que debería hacer frío porque estaba nevando y una fina capa de hielo recubría el lago hasta unos doce metros adentro. En aquel momento se le ocurrió que ya no recordaba cual era la sensación de frío. Puesto que, en la nave, la temperatura estaba perfectamente contenida a veinte grados. El hecho era que aguardaba la llegada de una mujer. Su verdadero nombre era Gabriela, aunque se hacía llamar Catherine Marceau. Desconocía su verdadero apellido pero eso no le habría comportado ninguna diferencia, puesto que era una tripulante de la Pinta, y hasta cinco años mas tarde no tendría posibilidades de conocerla en la realidad. Como había descubierto en las últimas semanas la puntualidad no era su fuerte, ni siquiera virtualmente. Pero su manera de hablar era comprensible y su pseudofísico, que era como decía miles que se podría llamar, era interesante. Él vestía un hombre rudo y alto, de musculatura muy prominente, casi inhumana por llamarlo de algún modo; su dedicación virtual era de soldado de la guardia. Si hubiese estado en la ciudad, ya le habrían molestado un par de personas de cristal piéndole que hiciese la guardia nocturna, o quizás el rey le hubiese ordenado investigar los extraños asesinatos que estaban ocurriendo. Nada extraño pues esa formaba parte de la historia del juego. Los blancos árboles ennegrecidos bajo la nieve por el frío, destacaban entre el cielo azulado en el reflejo del agua. Reflejo de un reflejo, pues al otro lado de lago no había nada, solo el fin del mundo.

Mientras pensaba en esto observando la quietud de tan inquietante lugar, oyó el singular sonido producido al caminar sobre la nieve. Todavía estaba a unos metros del lugar, pero avanzaba con la facilidad sólo proporcionada por aquella nieve no resbaladiza. Su rostro sonriente surgía de entre el bello de su abrigo de piel; una mera formalidad, pues se podría haber andado desnudo por aquel bosque sin ni siguiera notar el viento. Se acercó a ella y se encontraron con un beso a medio camino. ¡Que casto amor! habrían pensado los nuevos cristianos de la tierra. Casto por obligación, y amor vacío como las almas de la mayoría de los pobladores de aquel mundo de cristal. Después de abrazarse como si jamás hubiesen podido consumar su amor, puesto que así era, ella le volvió a besar y se separó un poco para poder mirarle bien.

- ¿Has vuelto a modificar tu cuerpo?


Sus brazos apenas podían abarcar toda la cintura del hombre que había frente a ella. Le sacaba casi dos cabezas y aun así no parecía delgado; pues era todo músculo. Sólo su brazo era como el muslo de ella. En la vida real jamás se habría acercado a semejante monstruo. Pero en aquel mundo ficticio, las pruebas y la experimentación se le antojaban muy interesantes. Era una lástima la limitación de aquellos cuerpos, pues las posibilidades eran prácticamente infinitas.

- Sí, sólo he ampliado la musculatura, estoy haciendo pruebas. No es que me guste especialmente, es incómodo caminar y me hace sentir torpe. Pero quería ver tu reacción.

- Es demasiado intimidante. Incluso para un mundo virtual.

- Bien, entonces volveré al tamaño original.

Durante unos segundos la mirada del soldado perdió su luz. Y aquel rostro perfecto se convirtió en una estatua inanimada. Gabriela fue más consciente de la falsedad de todo aquello que nunca. Era sorprendente la vida que inyectaba un humano en uno de aquellos cuerpos virtuales. Las expresiones de las IA estaban muertas, demasiado exageradas o demasiado simples. Le pareció que estaba delante de un cuerpo sin vida, aunque se movía y la miraba sonriente. Pero era una sonrisa tan vacía como aquel todo lo que la rodeaba. Unos instantes después el cuerpo empezó a empequeñecer a medida que el rostro cobraba vida; hasta que tuvieron prácticamente la misma estatura.

- Así está mejor.– Dijo ella.

Él la volvió a besar con unos labios mas acordes con los de ella. Esta vez encajaron el beso a perfección. Aunque era un beso sin sabor ni calor les hizo sentir más próximos. Y a ella le quitó la incomodidad que había sentido instantes antes cuando se encontraba sola en aquel frío escenario.

Después se dirigieron a una pequeña roca que había cerca del lago para sentarse. Estaba limpia de nieve porque un árbol la protegía. Aunque si se hubiesen sentado en el suelo nevado se habrían sentido igual de cómodos. Las costumbres de vivir en un mundo real. Gabriela se acurrucó en los brazos de Janus, que era el nombre del personaje que llevaba, buscando un poco de calor corporal. Sin embargo, aunque Jorge abrió la capa para proporcionarle mas calor no percibió más que el leve peso de la piel. Los dos sabían lo que sucedía pero no dijeron nada. Era algo que debías aceptar cuando entrabas en este mundo; por muy cerca que uno estuviese del otro siempre se estaba alejado. Todo tan perfecto como en una película y a su vez falso como una moneda de dos caras.

- Estoy cansado del aislamiento. Si por lo menos tuviese trabajo; pero hasta que lleguemos a nuestro destino no tendré nada que hacer.

- Siempre puedes hablar con tus amigos.

- No es lo mismo.

- Aunque mañana eliminaran el aislamiento no podríamos estar juntos hasta dentro de cinco años más. Y para entonces yo ya tendré arrugas. ¿Me querrás entonces?

Él sonrió torciendo la boca como solía hacer y le miró a los ojos muy de cerca, pues todavía estaban abrazados.

- ¿Crees que seguirás conectándote a este juego?

Ella lo observó detenidamente evaluando la respuesta, después se envaró y le golpeó el pecho poniendo cara de indignada.

- ¿Realmente no tienes ni idea de lo que significa romanticismo, no?

- Todas las mujeres son bellas, pues solo depende de quien mira. Y para mi tu serás siempre la más bonita. Piensa que eres la única mujer que he seducido sin conocer su aspecto.

- ¿Y quien te ha dicho que fuiste tu quien sedujo?

Él rió abiertamente y la atrajo frente a él poniéndola derecha.

- Tanto da. Lo que importa es que ahora estas aquí, conmigo.- Y la empezó a besar apasionadamente.

Se cayeron al blando suelo nevado revolcándose como animales en celo embriagados por una pasión animal.- Eres un salvaje.- dijo ella regocijándose mientras le besaba el cuello abriendo su capa y los broches de su vestido. Se amaron como se podía amar en ese falso mundo. Evitando las vergüenzas del descafeinado mundo en el que se encontraban, para hundirse mas en el sueño, el sueño que aquello era real.

Terminaron entrelazados en silencio como una bella trenza en el cabello de una mujer, bajo por el pesado manto de piel que Janus antes había llevado. Hundidos en la nostalgia que siempre les sobrevenía después de aquel forzado amor casto. Ella lloró, aunque sus lágrimas no eran visibles en aquel mundo.

Sólo ella fue capaz de romper aquel cálido silencio que les unía. Aunque lo hizo casi inconscientemente, llevada por aquellos entresijos de la mente que, extrañamente, unen distintos recuerdos con hechos a los que no tienen relación aparente.

- Todavía no comprendo como Carl pudo hacer una cosa así. No parecía de esa clase de personas.

- Trabajo.-Dijo absorto.- Creía que en seguridad no tendríais casi nada que hacer. Excepto cuando ocurrió el asesinato.

Ella lo miró con el cejo fruncido con un gesto de molestia. Casi, solo casi, hizo sentir a Jorge incomodidad. Y así habría sido si no estuviese acostumbrado a los reveses de mal humor que Gabriela gastaba. Eran cortos, pero intensos. Sin embargo, con el tiempo, había aprendido a ignorarlos. No por ella especialmente, si no por sus salidas nocturnas. Las mujeres de su época no eran demasiado amables cuando comunicaban su falta de interés; así que o te retirabas, o aprendías a ignorarlas. Él se había decantado por el segundo camino.


- No trabajo en seguridad.- Le espetó.- Trabajo en Ingeniería aerospacial. Y Carl era quien asesinó a su pareja.


Él respondió el gesto con una sonrisa sarcástica diciendo.- Lo había olvidado.- Después se mantuvieron en silencio un momento, pues ella había sido consciente de lo que acababa de pasar.

- No sabía que lo conocieras.

Más calmada respondió a su oferta.

- Habíamos estado juntos hace un par de años. Duró poco, pero mantuvimos el contacto durante cierto tiempo. Ya sabes, algo bastante sexual. Sin complicaciones.

Aquello le hizo pensar en el rostro de Carl cuando habían pasado las fotografías por la red, en su momento había pensado que aquel debía tener éxito con las mujeres; eso podía significar que tenía buen gusto; por lo que Gabriela quizá fuese mas atractiva de lo que había imaginado. Por las fotografías de los informes de personal uno no se podía hacer una idea, puesto que eran de cuello para arriba.

- Alguien capaz de mantener una relación así no parece un candidato a crímenes pasionales. Aunque nunca se sabe de donde puede salir un psicópata, los tarados siempre andan a la vuelta de la esquina.

- Nunca lo habría definido de psicópata, ni "tarado"- Añadió con desdén.-. Desde que le conocí había estado con bastantes mujeres. Si, ya se que llegó un punto en que era normal, pero él estaba especialmente orgulloso de sus conquistas.- Cuando dijo esto Jorge no pudo reprimir una sonrisa. Quizá le hubiese gustado conocer a ese hombre- Y no parecía que para él fueran una novedad. Si no lo hubiese visto no lo habría creído.

Aquello le sorprendió de veras.

- ¿Viste lo que ocurrió?

Ella volvió a sonreír.

- No. Vi lo mismo que tu a través de la red.

- Entonces no viste mucho. Solo mostraron las imágenes de la sala una vez habían retirado los cadáveres. Ni siquiera mostraron como habían quedado.

- Creo que con las manchas de sangre bastaba.

Andrés frunció el ceño pensativamente. Siempre había creído que en los noticiarios de la tierra mostraban eran demasiado explícitos. Pero en ese caso, quizá por costumbre, había echado en falta toda aquella información. La verdad era que no tenía excesivamente claro lo ocurrido. Aunque la información de la red había sido puesta por la comandancia, no por periodistas.

- Aunque por lo que nos mostraron, podría haber sido todo un montaje. - continuó.

- ¿Un montaje, para qué?  No me digas que eres una obsesa de las conspiraciones.

- No. Solo digo que por lo poco que sabemos podría haber pasado cualquier cosa. Quizá no es cuestión de conspiraciones sino de ineficacia.

- Creo que has visto demasiadas películas.

- No son películas si son realidad, supongo...

Pensó en seguir discutiendo. Pero comprendió que sería discutir por discutir. Pues en el fondo tampoco le importaba mucho si era verdad o mentira. Simplemente le había llevado la contraria para generar conversación. Aunque a fin de cuentas así tendrían algo mas interesante de lo que hablar antes de que ella le empezara a contar su arduo día de trabajo. Cosa que no tardó.

Dos horas de conversación y diez horas  de sueño más tarde despertó en su camarote.  - Bienvenido al siguiente día de tu vida... - Pensó.

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