“El despertar de una mente puede ser por múltiples razones, algunas de ellas curiosas e incomprensibles.”
(Miles Nagiskrov)
Jorge Andrés Pastor, estaba frente a una de las ventanas del comedor observando las distantes estrellas. Firmes y silenciosas no revelaban nada sobre el actual estado del buque, puesto que a esas distancias el movimiento relativo podría considerarse infinitesimal. Todo parecía lejano desde allí. En los cinco años de viaje la Santa María no había visto un solo planeta de cerca. Según los expertos era para evitar la atracción gravitatoria i ahorrar energía. Aunque a Jorge le podrían haber dicho cualquier cosa, puesto que solo tenia el título de Primaria. Y siempre se había jactado de no haber tenido que hacer nada para sacárselo.
Su tez era blanca, sólo oscurecida por la negra barba que, aunque impecablemente afeitada, siempre quedaba por debajo de lo que la cuchilla o maquinilla de afeitar podían llegar. Ciertamente podría usar crema depilatoria, de este modo solo se debería afeitar una vez al mes, pero siempre había pensado que las cremas i pastas eran cosa de mujeres. Y él, por descontado, no era homosexual; bien, como se debía decir ahora: su tendencia sexual era de tipo F. El mundo cada día era más complicado.
Cuando a los diecisiete años se presentó la posibilidad de viajar a en la primera nave europea de colonización espacial, le pareció una estupidez. Y no se hubiese presentado a las oposiciones públicas de no haber sido animado por su amigo Juan Miguel. Trabajaban juntos en una pequeña empresa Barcelonesa de construcción; siempre le había gustado su trabajo, al final del día podías ver lo que habías hecho. Aunque muchos de sus compañeros se llamaran Mohamed o Abdul, eran buena gente; honrados trabajadores. Sin embargo jamás hizo mucha amistad con ellos. Ya se sabe, gente de otras culturas con otras creencias, es difícil encajar con alguien que no se quiere integrar. El hecho fue que “Juanmi”, como acostumbraban a llamarle, se enteró que la mayoría de la tripulación era femenina. Por lo visto, los organizadores, consideraban que el carácter más tranquilo y dedicado de las mujeres aseguraba el éxito de una misión larga. Así pues, el ochenta por ciento eran mujeres, unos diez hombres de tendencia sexual H y sólo otro diez de hombres de tendencia sexual F. No hacía falta ser un genio para llegar a la conclusión que aquel diez por ciento restante tendría una ventana de posibilidades considerable. “Juanmi” Siempre había sido bueno en las matemáticas. De este modo se presentaron los dos a las oposiciones. Contrariamente a todo lo que se pudiese pensar, superaron todas las pruebas de aptitudes. Aunque, de hecho, se presentaban para un puesto de obreros coloniales. De todos modos no habrían tenido oportunidad de entrar de no ser por la súbita intervención del gobierno de la Unión Europea reclamando una uniformidad de orígenes y clases sociales. Finalmente sólo Jorge entró. A “Juanmi” le encontraron restos de LSD en la sangre, en una inspección que no habían avisado. Eso no significaba que Andrés nunca las hubiese tomado, de hecho, aunque no pudiese considerarse adicto las tomaba de vez en cuando. Y ese día se conformó con una ligera borrachera de Vodka ruso. Desde entonces terminaron sus salidas nocturnas. Un año más tarde, cuando según los científicos se abría una ventana en el cielo, se produjo el lanzamiento. De hecho los lanzamientos, puesto que la misión estaba constituida por tres naves espaciales: La Pinta, La Niña y la Santa María. Como homenaje al descubrimiento de América.
Los primeros meses descubrió que la clase de mujeres que viajaban en la misión no eran las que acostumbraba a encontrar en sus salidas matinales. El alcohol estaba prohibido en la astronave, aunque tampoco había; y el entorno no invitaba a las borracheras. De hecho nunca había encontrado ningún placer en el beber, sólo lo hacía para ayudar a su mente cuando debía ser más seductor. Sus intentos rara vez arrancaban una sonrisa y cuando lo hacían le parecía que se reían de él. Le costó mucho comprender que quizá su musculoso y moreno cuerpo no era lo que las tripulantes deseaban. De hecho su moreno no duró demasiado en un buque dónde vivían continuamente bajo luz artificial. De todos modos continuó incansablemente sus intentos, puesto que no tenía mucho más que hacer.
Hasta finales del primer año de viaje no obtuvo el primer éxito. Fue con una bióloga de la cubierta tres. El primer día no se tomó muy bien el halago a sus ojos, respondió con algo parecido a un ‘Niquefueseselúltimohombredelatierra’. Pero después de varios intentos y algunas confesiones de frustración, cayó a sus brazos. Tardó unos cuatro meses. En total, el primer éxito al cabo de un año. Mala estadística. La mayoría de sus compañeros heterosexuales ya llevaban dos relaciones. No se acababa de acomodar a hecho de que fuese uno de los miembros masculinos con menor éxito de la nave. Por suerte superaba a un informático delgaducho de cuatro ojos. Ja, ése no conseguía una mujer ni en un prostíbulo Holandés. De todos modos, su relación con Sophie no duró demasiado. Siempre le hablaba de su genial trabajo dejando tras de sí aquel halo de desprecio, que sin ser pronunciado verbalmente, dejaba entrever su opinión sobre alguien dedicado al pobremente reconocido sector de la construcción.
Durante el segundo año, los éxitos fueron sucediéndose más rápidamente, o él mejoraba su técnica, o las mujeres de la tripulación estaban más desesperadas. De todas formas no sería él el primero en quejarse. Aquel año incluso Miles, el informático encargado del mantenimiento de los ordenadores de la nave, estuvo con algunas mujeres. Y seguramente fue la primera vez, aunque jamás lo reconocería. Sus frustraciones sexuales y de trabajo, así como su predisposición a contarlas a todo aquel que se pusiese a mano (incluso a las mujeres) con un aire de humor autocontenido; le convirtió en el compañero ideal contra el aburrimiento. La mayoría de horas las pasaba a su lado jugando a algún juego de ordenador mientras reparaba o atendía las siempre numerosas quejas sobre el funcionamiento.
Hasta entonces habían utilizado un aparato experimental que funcionaba gracias a pequeñas variaciones del campo espacial en forma de ondas; éstas, aunque ínfimas, podían viajar a una velocidad superior a la luz, puesto que no se producía ningún desplazamiento real, por eso las comunicaciones eran casi inmediatas. Aún así, no habían conseguido nada parecido para las naves. De modo que el viaje duraría unos diez años y al tiempo que en la tierra habrían pasado quinientos. No se producían muchas comunicaciones, puesto que llegaban a ser deprimentes. Uno tenía que enviar todo lo que quería decir de golpe, puesto que la respuesta, aunque inmediata podía distanciarse años en el planeta madre. A veces se veía envejecer literalmente a los familiares y amigos, mientras que en la nave sólo habían pasado apenas unos días desde la última transmisión. Cuando hacían las oposiciones ya les advirtieron de este hecho, aunque la aceptaron; muchos creían que era otra rara teoría física que se vería rechazada en el viaje, puesto que anteriormente no se había viajado suficientemente lejos para comprobarlo. No era así. Algunos ya habían recibido la notificación de fallecimientos de familiares y amigos. Por eso la mayoría, a esas alturas del viaje, ya casi no se comunicaban con los suyos. El correo, nunca era bien recibido, puesto que siempre podía significar una mala noticia.
Aquellos días de arduo trabajo frente al videojuego pasaron rápidos y tranquilos. Pero como siempre decía Miles “Todo lo que podía ir mal, debía ir mal” aunque siempre recordaba que las palabras no eran suyas. A mitad del tercer año se perdió la comunicación con la Tierra. Aunque nadie apreciara el valor de los mensajes comunicados, fue un verdadero impacto para las tres naves. El sentimiento común era el de un niño perdido en medio del bosque, sólo que el bosque era del tamaño de todo el universo. Sabían que era prácticamente imposible que la humanidad hubiese sido borrada del universo por completo, pero a efectos prácticos la sensación de vacío y miedo era la misma. Sin detener las naves, pues habría sido una pérdida de tiempo casi imposible de recuperar, reunieron a las tres capitanas para decidir lo que se debía hacer. La tripulación estaba dividida entre los que querían regresar a la tierra o esperar a que se restablecieran las comunicaciones y los que decían que debían continuar. Después de ocho horas de deliberaciones la comandante de la misión informó de la decisión final; continuarían. De hecho era lo más lógico, puesto que según Carla, una físico de la sección de astronavegación decía que para invertir el sentido de la trayectoria y regresar a casa, en el mejor de los casos, gastaría tanto tiempo como para llegar a su destino. Sin embargo, saberlo, no eliminaba el nudo en el estómago que todos teníamos. Ese fue un signo de que el viaje empezaba a torcerse. Aún así, era casi incompresible entender cómo se había llegado a la situación.
Allí, frente al juicio de las estrellas, Jorge no podía engañarse a si mismo. Era estúpido. La sensación que los primeros meses de misión había surgido en él, se acentuaba con la actual situación. Sólo cuando estudiaba había recordado tener esa misma sensación. Y no le gustaba. En sus foros internos se agarraba, como a una rama ardiente, a un test de inteligencia realizado durante la primaria. En él, se rebelaba su falta de cultura compensada con creces por su lógica. Quizá era su memoria, un poco por debajo de la media, lo que descompensaba su intelecto. No, no era estúpido. Sólo despistado e ignorante, aunque seguramente todo sería provocado por sus deficiencias de memoria; o simplemente era el hecho de estar rodeado geniecillas lo que le hacía sentir así.
- ¿Cómo hemos llegado a esto? o mejor pensado, ¿Como he llegado a esto?
Una parte del familiar sonido de cubiertos que sonaba a su espalda se apagó.
- Creo que todos estamos en esto. Pero no debes lamentarte por la situación actual, sino por haber entrado en la misión. Eso si fue un acto de estupidez. Viajar tantos millones de kilómetros durante diez años, sólo puede resultar un fracaso. Si hay algo en lo que se puede confiar de los seres humanos es su chapucería. Pero tranquilo, no te deprimas por eso, porque no estas solo. Todos en esta, y las otras tres naves, piensan lo mismo.
- Miró a su amigo Miles sentado en la mesa devorando un suculento filete de ternera, o a eso era a lo que sabía; puesto que no era de ternera sino de un engendro biológico que después de haberle cortado el filete, todavía debía seguir vivo. Jamás había podido soportar la visión de los biogeneradores de comida.
- Desgracias de muchos, consuelo de tontos. ¿Debo sentirme mejor porque los que me rodean han cometido el mismo error? Pues no me sirve.– Se sentó frente a su propio plato de espaguetis vegetales ricos en vitaminas, y el filete de salmón oligofrénico, o algo parecido.– Además, no hablaba de eso. Nunca había pasado tanto tiempo sin joder o sin la perspectiva de poder hacerlo. Y esto si que me tiene preocupado. Al igual que mi amigo Juan Miguel, hace tiempo que descubrí cual era mi poder, mi destino;- Dijo con tono solemne.- dios, es lo único que sé hacer bien. Y ahora qué me queda. Debí seguir mis instintos y hacerme actor porno.
- De todas formas sigues sin estar solo.– Murmuró justo antes de beber.
- Pero tu estás acostumbrado.– Despreció.
Miles le dedicó una media sonrisa sarcástica. De aquellas que decían: -¿Crees que no se lo que es? Mírame.- Siempre le había sorprendido la capacidad de autodesprecio de Miles. Aunque sabía que sólo era una fachada, puesto que se tenía en alta estima, su ánimo estaba sobre la fina línea divisora entre la depresión y el orgullo más profundo. Así como el desprecio por todo aquel que se dignara a despreciarlo a él. Aunque eso, también era una fachada.
- ¿Quieres que te cuente mis penas?
Empezar a escuchar las penas de Miles, aunque siempre era divertido por exagerado, no era lo que necesitaba en ese instante.
- No, hoy prefiero que escuches las mías.
Sin embargo no dijo nada, porque tampoco no tenia nada que decir. Mantener el típico insustancial monólogo sobre su frustración sexual no llevaba a ninguna parte. Solo cansaba la lengua. Para eso era mejor Miles. Así que decidió que antes de dejarse llevar por su pena intentaría encontrar otras fuentes de distracción.- Si tuviese una botella de Vodka malo no tendría que preocuparse, mejor dos.- No aquellos no eran unos pensamientos constructivos, no habían dejado entrar alcohol en la nave. Debía pensar en algo mas útil.- Quizá podrían modificar la depuradora de agua para que convirtiese agua en alcohol. Eso sí sería positivo. Aunque claro la depuradora era biológica, y seguramente no podría ser modificado tan fácilmente. A su pesar acababa de descubrir que las áreas que le interesaban eran sumamente limitadas. Nunca había pretendido ser alguien complicado pero por lo que parecía lo era tan poco que casi asustaba.
- No es bueno pensar tanto. La gente no debería tener tiempo para pensar, sólo lleva al aburrimiento.
Miles levantó la mirada de la tarta sin azúcar que había empezado a comer y le observó unos largos instantes.
- El hombre, como animal que es, esta preparado para sobrevivir. La única razón de su existencia es la supervivencia. Sólo cuando conseguimos asegurarla nos hemos dedicado a buscar el sentido de la vida. Que nuestro cerebro sirva para algo mas que para resolver problemas es solo un efecto lateral de su razón de ser. No estamos hechos para tener una vida fácil, por eso nos aburrimos, por eso inconscientemente ponemos trabas a nuestra vida para que debamos superarlas.
- Joder Miles, nunca te habías puesto tan profundo.
- Nunca me habías preguntado. Venga, será mejor que comas. Se esta acabando el tiempo, y ya sabes que la capitana no quiere retrasos en los horarios.
- Tienes razón, aunque no tengo hambre.
Empezó a comer sin hambre, llenando aquellos rincones vacíos del estómago suficientemente animados como para digerir la sabrosa comida. Era el cuarto mes de cuarentena, tiempo durante el cual no habían visto más mujeres que la capitana por la consola, si no hubiesen tenido los espléndidos equipos de realidad virtual la poca tripulación heterosexual seguramente ya se habría visto reducida de alguna forma. Ciento treinta días terráqueos atrás, cuando corría segundo ciclo solar desde que perdiesen la comunicación con la tierra, se produjo el segundo incidente más importante hasta entonces. El encargado del control de trayectoria de la Niña había faltado a su puesto durante cuatro horas por estar discutiendo con una antigua amante. Durante aquel tiempo, un pequeño impacto de alta velocidad había penetrado el campo de repulsión magnético desviado unas micras la trayectoria de la nave y rompiendo su formación paralela a las otras. Debido a las grandes velocidades implicadas, en una hora la colisión era casi inminente. Afortunadamente los controladores de las otras naves habían captado con suficiente antelación el problema y habían advertido a la capitana de la Niña. Aquel pequeño incidente podría haber destruido toda la misión. Por ello, se reunió el alto mando para juzgar al controlador. Todo retransmitido por las consolas. Finalmente sólo se le retuvo en sus aposentos durante dos meses.
Cuatro meses más tarde aparecieron los cadáveres de dos miembros de la Pinta en el camarote de uno de ellos. Por lo visto, eran una antigua pareja heterosexual, cuando la mujer se empezó a verse con otros hombres su examante sufrió un ataque de celos y la mató con una arma blanca sustraída de la cocina. Viendo lo que había hecho en su ataque de rabia este último se había quitado la vida. Todo muy dramático. Aquello había conmocionado a toda la expedición. Aunque eran tres naves separadas los rumores se movían con rapidez. Aquello causó la maldita tercera reunión de capitanas. En ella se decidió concluir todo contacto sexual entre miembros de la tripulación. Para tal fin se impusieron unos estrictos horarios de las zonas públicas durante las cuales se mantenía una especie de toque de queda para todo aquel que no fuese del mismo sexo. Evidentemente la imposibilidad práctica de separar al colectivo homosexual completamente lo había situado como el único enteramente libre de deambular por las naves. Desde entonces habían seguido ese horario.
Cuando a los diecisiete años se presentó la posibilidad de viajar a en la primera nave europea de colonización espacial, le pareció una estupidez. Y no se hubiese presentado a las oposiciones públicas de no haber sido animado por su amigo Juan Miguel. Trabajaban juntos en una pequeña empresa Barcelonesa de construcción; siempre le había gustado su trabajo, al final del día podías ver lo que habías hecho. Aunque muchos de sus compañeros se llamaran Mohamed o Abdul, eran buena gente; honrados trabajadores. Sin embargo jamás hizo mucha amistad con ellos. Ya se sabe, gente de otras culturas con otras creencias, es difícil encajar con alguien que no se quiere integrar. El hecho fue que “Juanmi”, como acostumbraban a llamarle, se enteró que la mayoría de la tripulación era femenina. Por lo visto, los organizadores, consideraban que el carácter más tranquilo y dedicado de las mujeres aseguraba el éxito de una misión larga. Así pues, el ochenta por ciento eran mujeres, unos diez hombres de tendencia sexual H y sólo otro diez de hombres de tendencia sexual F. No hacía falta ser un genio para llegar a la conclusión que aquel diez por ciento restante tendría una ventana de posibilidades considerable. “Juanmi” Siempre había sido bueno en las matemáticas. De este modo se presentaron los dos a las oposiciones. Contrariamente a todo lo que se pudiese pensar, superaron todas las pruebas de aptitudes. Aunque, de hecho, se presentaban para un puesto de obreros coloniales. De todos modos no habrían tenido oportunidad de entrar de no ser por la súbita intervención del gobierno de la Unión Europea reclamando una uniformidad de orígenes y clases sociales. Finalmente sólo Jorge entró. A “Juanmi” le encontraron restos de LSD en la sangre, en una inspección que no habían avisado. Eso no significaba que Andrés nunca las hubiese tomado, de hecho, aunque no pudiese considerarse adicto las tomaba de vez en cuando. Y ese día se conformó con una ligera borrachera de Vodka ruso. Desde entonces terminaron sus salidas nocturnas. Un año más tarde, cuando según los científicos se abría una ventana en el cielo, se produjo el lanzamiento. De hecho los lanzamientos, puesto que la misión estaba constituida por tres naves espaciales: La Pinta, La Niña y la Santa María. Como homenaje al descubrimiento de América.
Los primeros meses descubrió que la clase de mujeres que viajaban en la misión no eran las que acostumbraba a encontrar en sus salidas matinales. El alcohol estaba prohibido en la astronave, aunque tampoco había; y el entorno no invitaba a las borracheras. De hecho nunca había encontrado ningún placer en el beber, sólo lo hacía para ayudar a su mente cuando debía ser más seductor. Sus intentos rara vez arrancaban una sonrisa y cuando lo hacían le parecía que se reían de él. Le costó mucho comprender que quizá su musculoso y moreno cuerpo no era lo que las tripulantes deseaban. De hecho su moreno no duró demasiado en un buque dónde vivían continuamente bajo luz artificial. De todos modos continuó incansablemente sus intentos, puesto que no tenía mucho más que hacer.
Hasta finales del primer año de viaje no obtuvo el primer éxito. Fue con una bióloga de la cubierta tres. El primer día no se tomó muy bien el halago a sus ojos, respondió con algo parecido a un ‘Niquefueseselúltimohombredelatierra’. Pero después de varios intentos y algunas confesiones de frustración, cayó a sus brazos. Tardó unos cuatro meses. En total, el primer éxito al cabo de un año. Mala estadística. La mayoría de sus compañeros heterosexuales ya llevaban dos relaciones. No se acababa de acomodar a hecho de que fuese uno de los miembros masculinos con menor éxito de la nave. Por suerte superaba a un informático delgaducho de cuatro ojos. Ja, ése no conseguía una mujer ni en un prostíbulo Holandés. De todos modos, su relación con Sophie no duró demasiado. Siempre le hablaba de su genial trabajo dejando tras de sí aquel halo de desprecio, que sin ser pronunciado verbalmente, dejaba entrever su opinión sobre alguien dedicado al pobremente reconocido sector de la construcción.
Durante el segundo año, los éxitos fueron sucediéndose más rápidamente, o él mejoraba su técnica, o las mujeres de la tripulación estaban más desesperadas. De todas formas no sería él el primero en quejarse. Aquel año incluso Miles, el informático encargado del mantenimiento de los ordenadores de la nave, estuvo con algunas mujeres. Y seguramente fue la primera vez, aunque jamás lo reconocería. Sus frustraciones sexuales y de trabajo, así como su predisposición a contarlas a todo aquel que se pusiese a mano (incluso a las mujeres) con un aire de humor autocontenido; le convirtió en el compañero ideal contra el aburrimiento. La mayoría de horas las pasaba a su lado jugando a algún juego de ordenador mientras reparaba o atendía las siempre numerosas quejas sobre el funcionamiento.
Hasta entonces habían utilizado un aparato experimental que funcionaba gracias a pequeñas variaciones del campo espacial en forma de ondas; éstas, aunque ínfimas, podían viajar a una velocidad superior a la luz, puesto que no se producía ningún desplazamiento real, por eso las comunicaciones eran casi inmediatas. Aún así, no habían conseguido nada parecido para las naves. De modo que el viaje duraría unos diez años y al tiempo que en la tierra habrían pasado quinientos. No se producían muchas comunicaciones, puesto que llegaban a ser deprimentes. Uno tenía que enviar todo lo que quería decir de golpe, puesto que la respuesta, aunque inmediata podía distanciarse años en el planeta madre. A veces se veía envejecer literalmente a los familiares y amigos, mientras que en la nave sólo habían pasado apenas unos días desde la última transmisión. Cuando hacían las oposiciones ya les advirtieron de este hecho, aunque la aceptaron; muchos creían que era otra rara teoría física que se vería rechazada en el viaje, puesto que anteriormente no se había viajado suficientemente lejos para comprobarlo. No era así. Algunos ya habían recibido la notificación de fallecimientos de familiares y amigos. Por eso la mayoría, a esas alturas del viaje, ya casi no se comunicaban con los suyos. El correo, nunca era bien recibido, puesto que siempre podía significar una mala noticia.
Aquellos días de arduo trabajo frente al videojuego pasaron rápidos y tranquilos. Pero como siempre decía Miles “Todo lo que podía ir mal, debía ir mal” aunque siempre recordaba que las palabras no eran suyas. A mitad del tercer año se perdió la comunicación con la Tierra. Aunque nadie apreciara el valor de los mensajes comunicados, fue un verdadero impacto para las tres naves. El sentimiento común era el de un niño perdido en medio del bosque, sólo que el bosque era del tamaño de todo el universo. Sabían que era prácticamente imposible que la humanidad hubiese sido borrada del universo por completo, pero a efectos prácticos la sensación de vacío y miedo era la misma. Sin detener las naves, pues habría sido una pérdida de tiempo casi imposible de recuperar, reunieron a las tres capitanas para decidir lo que se debía hacer. La tripulación estaba dividida entre los que querían regresar a la tierra o esperar a que se restablecieran las comunicaciones y los que decían que debían continuar. Después de ocho horas de deliberaciones la comandante de la misión informó de la decisión final; continuarían. De hecho era lo más lógico, puesto que según Carla, una físico de la sección de astronavegación decía que para invertir el sentido de la trayectoria y regresar a casa, en el mejor de los casos, gastaría tanto tiempo como para llegar a su destino. Sin embargo, saberlo, no eliminaba el nudo en el estómago que todos teníamos. Ese fue un signo de que el viaje empezaba a torcerse. Aún así, era casi incompresible entender cómo se había llegado a la situación.
Allí, frente al juicio de las estrellas, Jorge no podía engañarse a si mismo. Era estúpido. La sensación que los primeros meses de misión había surgido en él, se acentuaba con la actual situación. Sólo cuando estudiaba había recordado tener esa misma sensación. Y no le gustaba. En sus foros internos se agarraba, como a una rama ardiente, a un test de inteligencia realizado durante la primaria. En él, se rebelaba su falta de cultura compensada con creces por su lógica. Quizá era su memoria, un poco por debajo de la media, lo que descompensaba su intelecto. No, no era estúpido. Sólo despistado e ignorante, aunque seguramente todo sería provocado por sus deficiencias de memoria; o simplemente era el hecho de estar rodeado geniecillas lo que le hacía sentir así.
- ¿Cómo hemos llegado a esto? o mejor pensado, ¿Como he llegado a esto?
Una parte del familiar sonido de cubiertos que sonaba a su espalda se apagó.
- Creo que todos estamos en esto. Pero no debes lamentarte por la situación actual, sino por haber entrado en la misión. Eso si fue un acto de estupidez. Viajar tantos millones de kilómetros durante diez años, sólo puede resultar un fracaso. Si hay algo en lo que se puede confiar de los seres humanos es su chapucería. Pero tranquilo, no te deprimas por eso, porque no estas solo. Todos en esta, y las otras tres naves, piensan lo mismo.
- Miró a su amigo Miles sentado en la mesa devorando un suculento filete de ternera, o a eso era a lo que sabía; puesto que no era de ternera sino de un engendro biológico que después de haberle cortado el filete, todavía debía seguir vivo. Jamás había podido soportar la visión de los biogeneradores de comida.
- Desgracias de muchos, consuelo de tontos. ¿Debo sentirme mejor porque los que me rodean han cometido el mismo error? Pues no me sirve.– Se sentó frente a su propio plato de espaguetis vegetales ricos en vitaminas, y el filete de salmón oligofrénico, o algo parecido.– Además, no hablaba de eso. Nunca había pasado tanto tiempo sin joder o sin la perspectiva de poder hacerlo. Y esto si que me tiene preocupado. Al igual que mi amigo Juan Miguel, hace tiempo que descubrí cual era mi poder, mi destino;- Dijo con tono solemne.- dios, es lo único que sé hacer bien. Y ahora qué me queda. Debí seguir mis instintos y hacerme actor porno.
- De todas formas sigues sin estar solo.– Murmuró justo antes de beber.
- Pero tu estás acostumbrado.– Despreció.
Miles le dedicó una media sonrisa sarcástica. De aquellas que decían: -¿Crees que no se lo que es? Mírame.- Siempre le había sorprendido la capacidad de autodesprecio de Miles. Aunque sabía que sólo era una fachada, puesto que se tenía en alta estima, su ánimo estaba sobre la fina línea divisora entre la depresión y el orgullo más profundo. Así como el desprecio por todo aquel que se dignara a despreciarlo a él. Aunque eso, también era una fachada.
- ¿Quieres que te cuente mis penas?
Empezar a escuchar las penas de Miles, aunque siempre era divertido por exagerado, no era lo que necesitaba en ese instante.
- No, hoy prefiero que escuches las mías.
Sin embargo no dijo nada, porque tampoco no tenia nada que decir. Mantener el típico insustancial monólogo sobre su frustración sexual no llevaba a ninguna parte. Solo cansaba la lengua. Para eso era mejor Miles. Así que decidió que antes de dejarse llevar por su pena intentaría encontrar otras fuentes de distracción.- Si tuviese una botella de Vodka malo no tendría que preocuparse, mejor dos.- No aquellos no eran unos pensamientos constructivos, no habían dejado entrar alcohol en la nave. Debía pensar en algo mas útil.- Quizá podrían modificar la depuradora de agua para que convirtiese agua en alcohol. Eso sí sería positivo. Aunque claro la depuradora era biológica, y seguramente no podría ser modificado tan fácilmente. A su pesar acababa de descubrir que las áreas que le interesaban eran sumamente limitadas. Nunca había pretendido ser alguien complicado pero por lo que parecía lo era tan poco que casi asustaba.
- No es bueno pensar tanto. La gente no debería tener tiempo para pensar, sólo lleva al aburrimiento.
Miles levantó la mirada de la tarta sin azúcar que había empezado a comer y le observó unos largos instantes.
- El hombre, como animal que es, esta preparado para sobrevivir. La única razón de su existencia es la supervivencia. Sólo cuando conseguimos asegurarla nos hemos dedicado a buscar el sentido de la vida. Que nuestro cerebro sirva para algo mas que para resolver problemas es solo un efecto lateral de su razón de ser. No estamos hechos para tener una vida fácil, por eso nos aburrimos, por eso inconscientemente ponemos trabas a nuestra vida para que debamos superarlas.
- Joder Miles, nunca te habías puesto tan profundo.
- Nunca me habías preguntado. Venga, será mejor que comas. Se esta acabando el tiempo, y ya sabes que la capitana no quiere retrasos en los horarios.
- Tienes razón, aunque no tengo hambre.
Empezó a comer sin hambre, llenando aquellos rincones vacíos del estómago suficientemente animados como para digerir la sabrosa comida. Era el cuarto mes de cuarentena, tiempo durante el cual no habían visto más mujeres que la capitana por la consola, si no hubiesen tenido los espléndidos equipos de realidad virtual la poca tripulación heterosexual seguramente ya se habría visto reducida de alguna forma. Ciento treinta días terráqueos atrás, cuando corría segundo ciclo solar desde que perdiesen la comunicación con la tierra, se produjo el segundo incidente más importante hasta entonces. El encargado del control de trayectoria de la Niña había faltado a su puesto durante cuatro horas por estar discutiendo con una antigua amante. Durante aquel tiempo, un pequeño impacto de alta velocidad había penetrado el campo de repulsión magnético desviado unas micras la trayectoria de la nave y rompiendo su formación paralela a las otras. Debido a las grandes velocidades implicadas, en una hora la colisión era casi inminente. Afortunadamente los controladores de las otras naves habían captado con suficiente antelación el problema y habían advertido a la capitana de la Niña. Aquel pequeño incidente podría haber destruido toda la misión. Por ello, se reunió el alto mando para juzgar al controlador. Todo retransmitido por las consolas. Finalmente sólo se le retuvo en sus aposentos durante dos meses.
Cuatro meses más tarde aparecieron los cadáveres de dos miembros de la Pinta en el camarote de uno de ellos. Por lo visto, eran una antigua pareja heterosexual, cuando la mujer se empezó a verse con otros hombres su examante sufrió un ataque de celos y la mató con una arma blanca sustraída de la cocina. Viendo lo que había hecho en su ataque de rabia este último se había quitado la vida. Todo muy dramático. Aquello había conmocionado a toda la expedición. Aunque eran tres naves separadas los rumores se movían con rapidez. Aquello causó la maldita tercera reunión de capitanas. En ella se decidió concluir todo contacto sexual entre miembros de la tripulación. Para tal fin se impusieron unos estrictos horarios de las zonas públicas durante las cuales se mantenía una especie de toque de queda para todo aquel que no fuese del mismo sexo. Evidentemente la imposibilidad práctica de separar al colectivo homosexual completamente lo había situado como el único enteramente libre de deambular por las naves. Desde entonces habían seguido ese horario.
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