El "how to" de yo y mis ellos

Dado que algunos no entienden muy bien el funcionamiento de este blog, diré que no se trata de un blog. Es cierto, se pueden comentar las "entradas". Pero las "entradas" son capítulos; de modo que se deben leer en el orden correcto. Dada la idiosincrasia de la herramienta usada, el capítulo presentado es la última entrada; de modo que si quieres empezar un libro nuevo debes ir las etiquetas y seleccionar el libro; así podrás ver todos los capítulos colgados.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Correcciones y cambios

Como os habréis percatado todos vosotros, multitud de ávidos lectores de mi trabajo, hace unas cuantas semanas que no publico nada, por no hablar de meses. Bien, eso se ha debido a dos razones principalmente:

La primera es que, como todo hijo de vecino, me fui de vacaciones en verano. Incluso dios descansó un día después de crear el mundo. Yo, como no soy dios, necesitaba un mes entero después de trabajar un año.

La segunda es que un buen amigo me envió una crítica muy constructiva sobre mi trabajo de "el albañil errante". No la repetiré aquí, pero cabe decir que, aunque dura, me reí muchísimo con ella. Fruto de ese segundo feedback en la misma dirección que el primero he llegado a la conclusión que mis obras necesitan dos cosas: Una urgente corrección ortográfica y una mayor atención a la hora de repasar lo que publico. Respecto a la corrección ortográfica, está en camino; aunque como se ve en este mismo post, la ortografía nunca ha sido mi fuerte. Y respecto a la calidad de los capítulos... Bueno, espero que con estos últimos haya aumentado un poco la calidad. Si no es así, no creo que pueda hacer mucho más. A decir verdad no digo mucho a cerca de como voy a solucionar estos problemas, pero mientras no saquen un mejor corrector ortográfico para el Open Office y nadie me pague un corrector de estilo, no creo que pueda hacer un cambio demasiado importante.

Finalmente, y en línea con lo comentado anteriormente, debo añadir que he decidido repasar los capítulos periódicamente. Pero dado que cada vez que cambio un capítulo el blogger lo vuelve a publicar como nuevo,  adjuntaré un post como este advirtiendo de si se trata de uno nuevo o es uno antiguo corregido. Por que aquellos que me conocen ya saben lo que digo. El hecho de publicarse no significa que deba ser leído. Así pues os dejo con el nuevo capítulo 2 de "El aliento del Dragón" y el capítulo 1 corregido de este mismo libro.

El aliento del Dragón: Andigar - Capítulo 2 "El dragón alza el vuelo"

La primera parada de su incierto viaje hacía tiempo que había sido decidido: el bosque de los hombres altos, el hogar de su madre. Se lo había prometido tiempo atrás cuando fue expulsada del templo. Y aunque no se tratase de una promesa, el paso por el valle de los lagos de la verdad le había hecho pensar en su padre. Recordaba muy poco de él, pues durante su niñez, sólo tenia tiempo entrenarse. Quería que su madre le hablase sobre él, para conocerlo mejor, aunque fuese a título póstumo. El bosque no estaba a más de seis días a pié, por lo que tenía provisiones suficientes para llegar. Hacía tres años que no probaba bocado, pues durante la etapa de meditación todo el cuerpo se paraba y sólo el espíritu estaba en movimiento. Sus primeras comidas le eran dolorosas como si comiese agujas, y debía forzarse comer para tener fuerzas para caminar. Un viaje corto podía tornarse una penalidad para un hombre débil y hambriento.

El aliento del Dragón: Andigar - Capítulo 1 "El retorno del dragón"

El anciano estaba sentado en el suelo, con las piernas cruzadas. El valle de Luang fou se extendía a sus espaldas reflejando el cielo sobre los campos sembrados; a lo lejos, casi donde se perdía la vista, se podía divisar el bosque de los hombres altos, cuyos árboles se decía que rivalizaban con las montañas. El viejo, vestido con una túnica roja, hablaba con los ojos cerrados, con un ritmo pausado, con su voz agrietada por los años. Contaba una antigua leyenda, de cuando el templo no existía, y el telar de los dioses no había terminado todavía el mundo. Cinco niños de apenas siete años escuchaban atentamente al anciano de cabeza rapada.